Hace dos años, en un foro sobre jóvenes emprendedores en tecnología, le hice la siguiente pregunta a uno de los panelistas: siendo el Derecho una disciplina tan estática en su forma de ejercer, ¿cómo cree usted que esta herramienta podría mejorar nuestra carrera? Sinceramente, la respuesta me dejó un poco desconcertado. Esperaba un poco más. Dijo: “sería una locura si los abogados fueran reemplazados por robots. El que lo logre, se vuelve millonario.”

Por supuesto mi reacción fue: “eso es imposible. Nunca una máquina podrá sustituir el raciocinio en el análisis de un caso.” Sin embargo, vaya sorpresa que recibo cuando, hace unos meses, leo un artículo publicado en el portal Gizmodo con el siguiente título “Un bufete contrata al abogado de inteligencia artificial creado por IBM.”

La noticia es, en pocas palabras, la siguiente: la firma estadounidense Baker & Hostetler, contrata a un nuevo abogado llamado Ross. Un sistema de inteligencia artificial creado por IBM.

El sistema es capaz de generar la respuesta a una inquietud jurídica, cuyo contenido considera es el más acertado, según los textos legales existentes. Adicionalmente, rastrea en tiempo real los resultados de nuevas sentencias y juicios que han sentado jurisprudencia y los incorpora a su documentación legal, para futura referencia. Si los nuevos datos afectan a un caso en proceso, este asistente virtual avisa a los abogados de la firma para que modifiquen su estrategia con base en tales hallazgos.

Luego de leer esa noticia, surgen mil y una duda ¿Seré reemplazado por un robot?, ¿la justicia será más justa y ágil?, ¿el derecho a la igualdad se materializará con mayor efectividad?, si hoy en día es difícil obtener estabilidad laboral, ¿qué pasará en un par de años que se haga común este servicio?

Evidentemente, es un campanazo de alerta para todos los que nos dedicamos al oficio de la abogacía.

Siendo reflexivos, un cambio de este talante dejaría a más de uno sin banquillo, empezando por las universidades. Según un estudio realizado por la Corporación Excelencia en la Justicia, en el 2011 éramos 354,4 abogados por cada 100.000 habitantes y contábamos con alrededor de 71 facultades de Derecho, siendo el país con mayor número de “doctores” en el mundo, después de Costa Rica.

Así pues, una vez se haga común y económico el uso de abogados robots, el nivel de desempleo del gremio será un tema delicado, en especial, para los pasantes y recién egresados, ya que sus funciones (corrección de textos, búsqueda de jurisprudencia y doctrina, entre otros) se realizarán de forma más rápida y a bajo costo, lo que podría traer consigo una baja en la demanda para estudiar nuestra carrera.

En cuanto a las decisiones judiciales, ¿qué impacto tendrá esta nueva tecnología? Su producción podría ser acelerada, en la medida en que la recopilación de jurisprudencia para resolver un caso sometido a juicio, será obtenida de forma pronta, por lo que se espera que la justicia también lo sea. Máxime, cuando, día a día, el concepto de precedente judicial tiene mayor cabida en nuestro sistema judicial, como herramienta para resolver los litigios.

Igualmente, este tipo de herramienta le permitiría, a quien la posea, solicitar al juzgador que falle su caso, de acuerdo a la forma en que han sido fallados otros litigios anteriores, comoquiera que suponen los mismos o similares supuestos fácticos. Dicho de otra forma, el establecimiento de una doctrina probable en relación con el caso concreto, resulta mucha más fácil lograr. Esto, a su vez, aumentaría la seguridad jurídica y afianzaría la confianza legítima de los actores del sistema judicial, al poder prever el sentido de la decisión.

Frente a las labores específicas de juzgamiento y representación judicial (demanda y defensa), no se avizora la pronta sustitución del ser humano por la máquina, ya que, a pesar de que aquella eliminaría el error humano y elemento intencional propio de la corrupción en una decisión judicial, tal elemento es propio de la labor analítica que resulta necesaria para resolver casos difíciles.

Así, serían, entre otras, dos las preguntas que quedarían en el aire después de lo dicho:   i) en los casos relativamente fáciles, ¿tales labores sí serán absorbidas por la inteligencia artificial? y ii) ¿los administrados estaríamos dispuestos a ser juzgados por inteligencia que no posea la sensibilidad de un ser humano?

Finalmente, vale la pena apuntar que a nivel corporativo, las empresas que requieran de servicios legales estarán más que felices por la disminución, sino la desaparición, de los gastos que representan las prestaciones sociales de un empleado recién egresado. Ésta figura, será reemplazada por los gastos de mantenimiento de los robots que, posiblemente, serán mucho más bajos.

 

DAVID PEÑUELA ORTIZ



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