LA TASA TOTAL DE TRIBUTACIÓN EN COLOMBIA

 

Los tributos con los cuales se pretenden gravar determinadas actividades económicas, siempre tienen una incidencia directa beneficiosa o adversa para el aumento o disminución de la industria nacional; el Estado debe estimular la producción y la competitividad para hacer del país un destino preferido para las inversiones extranjeras, sin dejar de lado la inversión interna que permita el ascenso de la industria que pueda hacer frente a las competencias externas.

 

Mediante las reformas tributarias del 2012 y 2014, las Leyes 1607 y 1739 respectivamente, el Gobierno intentó implementar modificaciones al sistema fiscal colombiano, pero lo que generó fue un aumento progresivo en la tasa impositiva del impuesto de renta, impuesto de renta para la equidad CREE y la sobretasa al CREE hasta el 2018, prórroga de la existencia del gravamen a los movimientos financieros hasta 2022 y la introducción del impuesto nacional al consumo con la supuesta finalidad de combatir la evasión en el impuesto sobre las ventas, y facilitar la presentación de declaraciones tributarias al contribuyente.

 

Con estas reformas lo que se evidencia es algo que ha sido norma general durante los últimos gobiernos: el deseo de implementar reformas temporales para asegurar la obtención de recursos para la administración de turno, en vez de realizar acciones pragmáticas y totales que cambien la enrevesada legislación nacional y territorial sobre impuestos, tasas, contribuciones y otras clases de tributos que se imponen; es lastimosa la falta de voluntad política en este sentido.

 

Diversos organismos como el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) han criticado la complejidad de la legislación colombiana, que tiene una tasa impositiva de tributación bastante alta haciendo poco entendible el sistema a los contribuyentes y estimulando la evasión de impuestos; de acuerdo con datos del Banco Mundial la tasa de tributación total[1] de Colombia para el año 2015 fue de 69,7% (Banco Mundial, 2016), cifra superior siendo comparada incluso con otros países que presentan un mismo nivel económico como Perú (35.9%), Venezuela (65.0%) y Ecuador (33.0%); solo Brasil y Argentina presentan tasas similares o superiores a la colombiana, con 69.2% y 137.4% respectivamente.

 

Aunque son muchos los factores que influyen en el bajo recaudo fiscal de Colombia respecto a otras naciones de Suramérica, como evasión de impuestos, alto nivel de pobreza, poca productividad y competitividad de la industria colombiana, deficiente desarrollo de infraestructura, corrupción, entre otros, es necesario tener en cuenta que las tasas de impuestos son muy altas, complejas y recaen sobre un grupo muy determinado de contribuyentes, cuando existen muchos sectores exentos o excluidos de impuestos, razón por la cual se ha debatido sobre la verdadera finalidad de las entidades sin ánimo de lucro (ESAL) que no son declarantes del impuesto sobre la renta y complementarios.

 

Junto con las altas tasas de tributación necesariamente viene una reducción en el margen de utilidades, ya que casi el 70% de las ganancias se destinan al pago de impuestos nacionales, sin tener en cuenta impuesto sobre las ventas y algunos tributos territoriales como el de industria y comercio (no se debe olvidar la existencia de tasas y contribuciones departamentales y municipales); la complejidad, y algunas veces, la contradicción entre los tributos nacionales y territoriales hace que el sistema no sea fácil de entender, y puede desestimular la expansión de la industria a otros sectores del país que tienen poco desarrollo económico.

 

Las políticas tributarias del Estado no deben tener como finalidad el aumento brusco del recaudo neto ahogando las finanzas de las personas naturales y jurídicas, pero tampoco debe ser laxo sobre el cumplimiento de las obligaciones tributarias; aunque es un proceso largo y complejo es evidente que Colombia requiere de una pronta “reforma estructural”, como ha sido denominada recientemente, de la ley tributaria que no sea vista como una reforma temporal para el gobierno de turno, sino que sea una reforma que de verdad asegure el ingreso constante de dineros al Estado estimulando la cultura del pago en los contribuyentes, desestimulando la evasión y que promueva la expansión industrial y económica que tanto requiere el país, para mejorar la calidad de vida nacional.

 

Doctor Manuel Andrés León Rojas.

Especialista en derecho tributario.



[1] El Banco Mundial mide esta tasa teniendo en cuenta el monto total de impuestos y contribuciones obligatorias, después de justificar exenciones y deducciones de las utilidades comerciales, sin incluir impuestos retenidos o aquellos que se cobren y remitan al gobierno como impuesto sobre las ventas, valor agregado o bienes y servicios.



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