LA CRISIS FISCAL DEL AÑO 2016 DEMOSTRÓ LA FRAGILIDAD DE LA ECONOMÍA Y LA DEBILIDAD DEL GOBIERNO PARA REDUCIR EL DÉFICIT PRESUPUESTAL.

 

Durante la presentación del Foro “Situación de las Finanzas Públicas ¿más impuestos?” que fue celebrado por la Contraloría General de la República[1], en la cual se presentó la edición No. 345 de la Revista Economía Colombiana, fueron bastantes las coincidencias de quienes intervinieron en tal evento al afirmar que era necesario implementar serias reformas al sistema presupuestal colombiano, teniendo en cuenta la coyuntura internacional originada por la caída de los precios del petróleo y la devaluación del peso frente al dólar.

 

En una época en la cual aún no se debatía intensamente a nivel nacional el mecanismo de refrendación de los Acuerdos de Paz de La Habana, las posibles consecuencias de la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos o el costo político de una reforma tributaria, ya se hablaba sobre la conveniencia de implementar o no más impuestos para intentar paliar la situación económica del Gobierno Nacional, al ser evidente que la renta petrolera no iba a volver a alcanzar los niveles de años pasados cuando los precios eran altos y se veía una bonanza en las zonas de producción de crudo como los Llanos Orientales.

 

Sin pretender ahondar en las semejanzas de cada intervención en el citado Foro, fue una opinión casi mayoritaria la de imponer una reforma a las finanzas públicas sin traumatismos y de manera gradual, tal como lo dijo Mauricio Cárdenas (Ministro de Hacienda), la necesidad de efectuar una reforma tributaria presentada por Julio Roberto Piza, miembro de la Comisión de Expertos que presentó el proyecto de “Reforma Tributaria Estructural” y la prioridad en cuanto a la implementación de una reforma pensional presentada por Miguel Urrutia, ex gerente del Banco de la República; en todas las intervenciones se expresó la necesidad de una reforma tributaria que disminuyera la situación desigual que padece la población colombiana y permitiera un reparto más equitativo de los impuestos[2].

 

En este y otros escenarios académicos se ha expresado el objetivo del Gobierno de implementar una reforma tributaria, en la cual se amplíe la base gravable de personas naturales que deban declarar impuestos, se reduzca la tarifa de renta para sociedades y permita tener un sector empresarial más competitivo, al efectuar la disminución (en teoría) de la tasa total de tributación en Colombia que es una de las más altas y poco eficientes a nivel mundial, pero también fomenta la evasión de impuestos y el uso de paraísos fiscales como forma de reducir la tasa impositiva a cargo de los contribuyentes.

 

También se ha expresado la necesidad de reforma de la situación financiera, que permita mantener el grado de confianza inversionista y el buen nivel crediticio ante las calificadoras de riesgo internacionales (Estándar & Poor´s, Moodys y Fitch), pero en los círculos académicos, políticos y de medios de comunicación masiva poco o nada se ha hablado de la posibilidad de cambiar el aparato productivo de la economía nacional, no ha habido un debate adecuado e intenso en el que se señalen las falencias de la economía colombiana y el deber de transformar la industria del país, para pasar de ser una nación que exporta materias primas a un Estado que se enfoque más en los sectores secundario y terciario, tal como logró hacerlo Corea del Sur.

 

La caída de la renta petrolera y la incapacidad de la economía de suplir tales ingresos con la producción industrial de otros sectores, demuestra la seria fragilidad ante la competencia internacional de la economía colombiana y el hecho de que no pasa de ser una nación exportadora de commodities, sin una mayor diversificación industrial que le permita ser valorada como generadora de productos de calidad ante el mundo; esta situación también demuestra la poca o nula voluntad política de los gobiernos de turno de los últimos treinta años, por tratar de fomentar un cambio en la mentalidad productiva de la población colombiana y de promover la creación de empresas viables.

 

Esto genera de manera inevitable el surgimiento de preguntas como ¿cuáles han sido los mecanismos del Gobierno para dejar de ser un país exportador neto de materias primas?, ¿qué ha sucedido con los programas de diversificación económica que se han intentado implementar a lo largo de los años?, ¿cuáles son las cifras reales de esta transformación? Y si el país se encontraba en un proceso de transición económica ¿por qué afectó tanto la caída de los precios del petróleo?, ¿por qué no se ha logrado reemplazar de modo efectivo el ingreso dejado de percibir?.

 

Si lo que el Gobierno pretende es obtener más recursos con la implementación de una reforma tributaria, también debe entender que es necesario no solo cambiar el sistema tributario nacional y del orden territorial sino que se hace imperativo fomentar programas, destinar parte del presupuesto para innovar y transformar, ejecutar políticas efectivas y reales que permitan la diversificación de la economía colombiana para hacerla más sólida y menos dependiente de un solo ingreso; después de todo si lo pudo hacer Corea del Sur, nación con menos territorio y cuyo PIB era inferior en comparación con el colombiano al finalizar la Guerra de Corea en 1953, ¿por qué Colombia no?.

 

Doctor Manuel Andrés León Rojas

Abogado especialista en derecho tributario

Universidad Externado de Colombia



[1] Foro realizado en las instalaciones del Museo Nacional el día 13 de abril de 2016.

[2] Recuperado de http://www.contraloriagen.gov.co/web/guest/boletinprensa/-/asset_publisher/YpAcs9FAgeWm/content/en-circulacion-nueva-edicion-de-la-revista-economia-colombiana-expertos-analizan-los-retos-de-la-economia-nacional-ante-crisis-fiscal-hay-que-acudir-o



z